La falsedad del gas y las Áreas Naturales Protegidas

Uno de los argumentos que se ha usado para decir que es “urgente” aprobar las facultades solicitadas por el gobierno de Keiko Fujimori, es que el Perú necesita explorar y explotar más gas. Y que, si para eso es necesario entrar a las Áreas Naturales Protegidas, pues ni modo: la seguridad energética del país es primero.
Vamos a decirlo de una vez: ese es un argumento falso. O, en todo caso, un argumento que llega con décadas de atraso. Hoy, es evidente que la seguridad energética no está en la profundidad de los yacimientos de gas, sino en el sol que brilla para todos. Insistir en la explotación de hidrocarburos, aunque haya que poner en riesgo áreas naturales de nuestra Amazonía, es no entender que hoy todo nos grita que necesitamos una transición energética. La tecnología, el ambiente, el cambio climático, hasta la geopolítica nos lo dicen fuerte y claro: lo urgente es independizarse de los combustibles.
El fin de los combustibles, ya lo vivimos hace unos meses. Cuando se cortó el flujo del gas de Camisea hacia la costa, el país parecía colapsar, pues no había suficiente para alimentar las cocinas, los buses y la demanda de las industrias. Pero eso que parece un accidente circunstancial, revela algo estructural: los combustibles fósiles son un recurso NO RENOVABLE. Todos lo sabemos, pero hacemos como si no fuera así. El yacimiento de Camisea tiene gas para unos 12 años más: tarde o temprano, se va a acabar. Y cada nuevo lote que encontremos, no resuelve el problema: solo patea la fecha límite para un poco más adelante. Si sacáramos gas del Parque Nacional Bahuaja Sonene -cuyas reservas, por cierto, son aún una mera hipótesis- ¿cuánto tiempo ganaremos? ¿10, 15, 20 años más?
Pongamos esto en perspectiva. Esta semana se descubrió en la selva de Bolivia una nueva especie de felino, el gato tilcayo: es la primera descripción formal de una nueva especie felina en más de 100 años. Semanas atrás, en el Bosque de Protección Pui Pui, en Junín, científicos descubrieron la Saurauia vanderwerffii, una nueva especie de planta endémica que no existe en ningún otro lugar del planeta. Hace un año, se descubrió el Daptomys nunashae, una nueva especie de roedor acuático, que se encontró en Huánuco dentro del Parque Nacional Tingo María.
¿Se entiende? Por extraer gas por unos años más, podríamos destruir el hábitat de especies que aún no conocemos y que quizás ya nunca conoceríamos. Si se pone en una balanza lo que se gana y lo que se pierde, la pérdida es inconmensurable.
Este razonamiento es un callejón sin salida. Pero la buena noticia es que sí hay alternativas, y la revolución tecnológica actual ha hecho que estas alternativas sean cada vez más baratas y más fáciles.
El Perú usa el gas, hoy, principalmente para cuatro usos: buena parte se quema para generar electricidad para Lima; otra parte importante se exporta, para gran negocio de algunas empresas; y proporciones menores tienen uso domiciliario (cocina, duchas) y para transporte. Frente a todos estos usos, tenemos ya alternativas que pueden hacerle la competencia al gas sin ningún problema.
Es absurdo que en Perú quememos gas para generar electricidad. Esto no tiene ninguna racionalidad económica (salvo para las empresas de gas y las termoeléctricas, obviamente). Nuestro país está en el Top 5 de zonas del mundo con mayor potencial solar: el tayta Inti nos regala energía gratis todo el año. Un cálculo rápido permite mostrar que solo cubriendo de paneles solares el 2% del territorio de Moquegua, una de las regiones con mayor irradiación solar del país, ya bastaría para producir toda la electricidad que consume hoy día el Perú. Así que, con decisión para impulsar la transición en el sector eléctrico, podríamos cerrar las plantas termoeléctricas en un plazo corto, y nos olvidaríamos esta parte del consumo de gas.
Esta política permitiría electrificar también los consumos domésticos. Hoy existen modelos de cocinas de inducción altamente eficientes -algunos prototipos de bajo costo han sido desarrollados por la Universidad Nacional de Ingeniería, por ejemplo- que permitirían, con políticas de promoción adecuadas, reducir la dependencia de nuestras familias del gas.
Y en transporte, la revolución hoy día se llama electricidad. Es inaudito que el principal sistema de buses segregados de Lima, el Metropolitano, dependa por completo del gas de Camisea que se va a agotar, cuando podríamos seguir el ejemplo de Santiago de Chile que ya tiene más de 4 mil buses eléctricos circulando por la ciudad. Buses con energía infinita proveniente del sol, sin tener que tocar ni un centímetro de nuestras áreas naturales protegidas para sacar gas.
De hecho, en otro ámbito, el transporte de mototaxis -uno de los sectores que ha salido a protestar en semanas pasadas por el costo del combustible- podría ya estar totalmente electrificado. Hoy día, en la India -la fábrica mundial de vehículos de tres ruedas- dos de cada tres mototaxis que se venden en el mercado son eléctricas, y circulan más de 2.5 millones de unidades eléctricas. Dar facilidades para la importación -o mejor aún, para la transferencia de tecnología y el ensamblaje nacional- podría beneficiar a 1 millón de peruanos que se dedican al transporte en mototaxi, tirando al piso el costo que tienen que pagar por un combustible cada vez más escaso.
En pleno 2026, pensar que “energía” es sinónimo de sacar gas y petróleo de las áreas naturales protegidas, es vivir en la prehistoria. Que no se use de excusa la seguridad energética para ceder ante el lobby de las empresas hidrocarburíferas: toca exigir una transición energética con mirada estratégica y de futuro.