Incendios forestales: el próximo año puede ser peor
Los incendios forestales que vienen arrasando pastos naturales, especies nativas, árboles silvestres y cultivos en varios departamentos del país, hoy en día están en todos los medios. Pero como siempre ocurre, lamentablemente, irán desapareciendo en la medida que se vayan apagando y dejen de ser noticia.
Comenzaron en los Andes de sur y han ido escalando. Ahora ya están en la Amazonía. Lo cierto es que algunos años son más fuertes y devastadores que otros, pero la tendencia es clara: en los últimos diez años los incendios forestales se han incrementado en todo el planeta en un 50% y en el Perú se han duplicado.
Debemos pensar en el hoy para enfrentar la emergencia, pero también en el mañana. Por ejemplo, todo indica que el próximo año los incendios forestales serán más fuertes. ¿La razón? El fenómeno de El Niño anuncia ausencia de lluvias en los Andes y en la Amazonía, lo que significa que el próximo año los suelos estando más secos, presentarán componentes químicos altamente combustibles.
Una sugerencia para las próximas autoridades regionales de las zonas donde se concentran los incendios: desde julio o agosto, mejor se es antes, comiencen una campaña masiva y sostenida de prevención, buscando sensibilizar a la población para evitar las prácticas de quemar pastos y chacras de cultivo para eliminar malezas, desechos agrícolas y demás, que son la principal causa de los incendios.
El objetivo de una estrategia de prevención es que se puedan reducir pérdidas económicas, mitigar daños, proteger la flora y la fauna y, sobre todo, la vida de poblaciones. Naciones Unidas ha advertido a los países de América Latina y el Caribe que durante las próximas décadas se van a reproducir con cada vez más fuerza olas de calor, inundaciones, sequías y huracanes.
La premisa debería ser que la prevención permite proteger a las poblaciones, sobre todo a las más vulnerables, la infraestructura estratégica de los países, sus sistemas productivos, sus ecosistemas, etc. Todo eso, definitivamente, es menos costoso que reconstruir y reparar cada cierto tiempo los graves daños que se generan.
Un indicador clave para ver si hemos aprendido la lección es constatar si, una vez acabado un capítulo tan doloroso como el que estamos viviendo con los incendios forestales, el próximo año, no solamente respondemos a la emergencia que, seguramente, se volverá a presentar, sino que también hemos puesto en marcha una verdadera cultura de prevención que nos permitirá enfrentar de mejor manera este tipo de eventos. Si nada de esto pasa, seguiremos improvisando.