El Mega Niño y la minería

Pese a que el Fenómeno El Niño (FEN) es uno de los eventos climáticos extremos que se anuncia con anticipación, la realidad muestra que en el país no existe una verdadera cultura de prevención. Queda claro que seguimos sin hacer la tarea y, a lo que se atina, es a hacer lo mínimo: descolmatación de ríos, muros de contención, limpieza de cauces y alguna obra más que no nos salva de los tremendos impactos que se generan.
Está claro que obras de emergencia que se hacen a trompicones y que no responden a una estrategia articulada, no alcanzan para hacer frente a un evento climático de magnitud. Todo indica que para los que nos gobiernan, los de ahora y los de antes, implementar verdaderos planes de prevención no es rentable políticamente.
Las instituciones especializadas ya han anunciado que el FEN 2026-2027 tendrá una intensidad muy fuerte que podría alcanzar y hasta superar niveles históricos, extendiendo sus efectos y riesgos asociados hasta mediados de 2027. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) señala que existe una probabilidad cercana al 100% de que el fenómeno persista hasta mediados del 2027 y que se vienen presentando anomalías térmicas inéditas en el Pacífico tropical (picos de hasta 3.8 °C sobre el promedio), lo que incrementa sustancialmente el riesgo de lluvias torrenciales, inundaciones, sequías extremas y olas de calor en distintas partes del mundo. Por su parte, la Oficina de Administración Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos (NOAA),confirma que se viene produciendo un acoplamiento oceánico-atmosférico robusto que provocará una intensidad de «fuerte a muy fuerte» en el hemisferio sur, estimando que sus efectos residuales pueden prolongarse hasta agosto de 2027.
Históricamente, las pérdidas en el terreno económico han sido importantes: en el FEN de 1982-1983 la economía se contrajo en 12% y en el de 1997-1998 las pérdidas representaron el 6.2% del PBI. Si bien la mayoría de autoridades de los sectores involucrados en las tareas de prevención señalan que el país está mejor preparado, que se cuenta con más información y que la economía ahora es más grande y cuenta con mayor capacidad de respuesta, lo cierto es que esta nueva versión de El Niño nos sorprende en un mal momento y de todas maneras pasará factura: se habla de un impacto de alrededor de dos puntos del PBI repartidos entre el 2026 y 2027. Habrá que ver si esta proyección se cumple.
Entre los sectores productivos más expuestos figuran agricultura, pesca, infraestructura, vivienda, transportes y comunicaciones. Igualmente se necesitará inyectar recursos sustantivos en la infraestructura de los sectores de educación y salud.
¿Y el sector minero?
¿Cómo afecta el FEN a un sector como el minero que, por el momento, no aparece en los diferentes análisis que se hacen sobre vulnerabilidades y riesgos? Lo afecta y de varias maneras. Al margen de los posibles impactos en términos de la infraestructura que utiliza la minería (carreteras, puertos, etc.), cuando uno ve las imágenes satelitales y los modelos, un primer cruce que hay que hacer es con las operaciones y todo tipo de instalaciones mineras que existen en el país.
En el norte y centro del país, con pronósticos de temperaturas elevadas y escenarios de lluvias torrenciales, habrá que tomar en cuenta los posibles impactos en las operaciones mineras en regiones como Lima, Áncash, La Libertad, Piura y hasta la propia Cajamarca. Y cuando se habla de operaciones mineras no sólo hay que tomar en cuenta a la gran y mediana minería, sino también a la pequeña y a la minería informal e ilegal que se ha expandido en varias de las regiones mencionadas. Por ejemplo, escenarios como el de Piura, en distritos como el de Suyo, provincia de Ayabaca, donde hay una actividad minera informal extensiva, se presentarán situaciones de serios riesgos por el tipo de labores y el uso de mercurio y otras sustancias altamente tóxicas. Lo mismo puede ocurrir en el sur de Ica, varias provincias de Arequipa, Ayacucho, etc. De hecho, el Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA) ha señalado que se han identificado 58 unidades mineras en 14 regiones que poseen depósitos de relaves expuestos a riesgos hidrometeorológicos.
En las zonas andinas, con posibles escenarios de temperaturas por encima de lo normal y ausencia de lluvias, los impactos también se dejarán sentir y el tema del acceso y competencia sobre el agua será un asunto complicado para la minería y fuente de mayores conflictos. A esto hay que sumarle el retroceso de los glaciares que en varias cordilleras de esta parte del país es dramático: no hay que olvidar que los glaciares proveen el 70% del agua que se usa fuera de la corta estación de lluvias andinas. Si bien se anuncia la activación de reservorios como paliativo para afrontar la sequía, está medida a todas luces es insuficiente.
Frente a los riesgos en temas de infraestructura, transporte y comunicaciones, impactos de lluvias torrenciales en algunas regiones y posibles sequías en otras, la llegada del Niño pone en la agenda la reflexión sobre cómo el país debería desarrollar prevención y políticas de adaptación a este tipo de eventos climáticos extremos. El tema de adecuación también incluye a los diferentes procesos productivos, entre ellos, el de la minería.
Este tipo de evaluación ya forma parte de la agenda de trabajo de algunas instancias de la minería global como el Consejo Internacional de Minería y Metales: hace más de una década, como consecuencia de un desastre ambiental en una mina en Brasil, en medio de lluvias torrenciales, se dio una reflexión entre las empresas mineras sobre los graves perjuicios que podrían provocar eventos climáticos de magnitud en sus procesos productivos. En el caso mencionado en Brasil, las lluvias torrenciales provocaron la rotura de un dique de contención de desechos mineros, generando un daño ambiental de magnitud y la paralización de las operaciones.
El FEN, el cambio climático y los escenarios que se vienen
El Perú está identificado como uno de los países más vulnerables frente al cambio climático y este tipo de fenómenos serán cada vez más recurrentes y de mayor magnitud. En el Perú se presentan siete de las nueve características que aumentan la vulnerabilidad ante el cambio climático: zonas costeras bajas; zonas áridas o semiáridas; zonas expuestas a inundaciones; sequías y desertificación; ecosistemas montañosos frágiles; zonas propensas a desastres; y zonas urbanas con alta contaminación atmosférica.
El nuevo capítulo del Fenómeno del Niño debería ser una clarinada de alerta. Si no se implementan políticas de adaptación y mitigación en serio y a fondo, los impactos climáticos serán cada vez más significativos. Si se quiere ver el lado económico, cálculos hechos para el Banco Central de Reserva del Perú proyectan pérdidas asociadas al cambio climático del orden del 6.3% del PBI al 2030 y de más del 20% al 2050. Por lo tanto, los costos serán y ya vienen siendo significativos.
Debemos reaccionar e iniciar procesos de transición con planes y estrategias frente a los eventos climáticos que dejen de ser ambiguas, sin metas concretas ni plazos definidos y sin indicadores verificables. Es inaceptable que se pretenda seguir actuando como si la economía y los sectores productivos se moviesen al margen de este tipo de eventos climáticos que ya han tocado la puerta y forman parte de nuestra realidad.