A dos meses de la llegada del Papa, el Vaticano define el “pecado contra la creación y contra el Creador” ante la crisis ambiental

Publicado el: 28 de septiembre, 2026

La Comisión Teológica Internacional publicó un nuevo documento que vincula el deterioro ambiental con una responsabilidad moral y espiritual, y plantea la necesidad de una “conversión ecológica” frente a la crisis que afecta al planeta, especialmente a las poblaciones más vulnerables.

El documento, titulado Cuidar nuestra casa común: una respuesta responsable y fraterna al Dios Trinitario, fue publicado el 2 de septiembre, con autorización del papa León XIV. Elaborado a partir de trabajos desarrollados entre 2022 y 2025, el texto propone una formulación que amplía la noción de “pecado ecológico” utilizada anteriormente por el papa Francisco: “pecado contra la creación y contra el Creador”.

Según la Comisión, esta expresión busca señalar que el daño causado a la naturaleza no afecta únicamente al ambiente, sino también las relaciones entre las personas y con Dios. La destrucción de los ecosistemas, la contaminación y el uso irresponsable de los recursos terminan afectando además a otras comunidades, a las poblaciones más pobres y a las generaciones futuras.

El documento identifica tres grandes transformaciones en la relación entre las sociedades humanas y la naturaleza: la pérdida de la percepción de la naturaleza como creación, el desarrollo de una visión cada vez más antropocéntrica y orientada a la explotación, y la expansión de una crisis ecológica de alcance planetario. Frente a ello, plantea un “giro ecológico” que no debería limitarse a soluciones técnicas, sino que también requiere cambios culturales y en las formas de vida.

La Comisión advierte sobre la pérdida de biodiversidad, la contaminación del aire y el deterioro de la calidad del agua, así como sobre los impactos ambientales de los conflictos armados. También subraya una dimensión de justicia: los países y comunidades más pobres sufren algunas de las consecuencias más graves de la degradación ambiental pese a haber contribuido en menor medida a su origen.

En ese sentido, el documento cuestiona lo que denomina un “antropocentrismo depredador”, entendido como una concepción de la naturaleza como propiedad disponible para la explotación. Como alternativa, plantea la idea de un “antropocentrismo situado”, en el que las personas tienen una responsabilidad de cuidado y servicio respecto de la creación.

La propuesta también incorpora cambios en los patrones de consumo, producción, transporte y uso de la energía. Para la Comisión, la respuesta a la crisis ambiental requiere una transformación de los valores y de las formas de vida, incluyendo una revisión de los hábitos de consumo y una mayor atención a los límites de los recursos naturales.

Otro de los ejes del documento es la relación entre la degradación ambiental y la pobreza. La Comisión retoma la idea del “grito de la Tierra” vinculado al “grito de los pobres” y señala que quienes cuentan con menos recursos tienen una mayor exposición a los efectos de la contaminación, la pérdida de recursos y otros impactos ambientales, mientras disponen de menos capacidades para hacerles frente.

El texto también plantea que la protección de la casa común puede ser un espacio de cooperación entre distintas tradiciones religiosas. La Comisión menciona aportes del judaísmo, el islam, el hinduismo, el budismo, el confucianismo, las religiones africanas y las religiones indígenas de América y Oceanía, destacando elementos compartidos como la interconexión de la vida, el respeto por los seres vivos y la responsabilidad humana.

La publicación ocurre además durante el Tiempo de la Creación, que se extiende del 1 de septiembre, Día Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, hasta el 4 de octubre, festividad de San Francisco de Asís. El nuevo documento retoma así una preocupación que la Iglesia católica viene desarrollando desde hace años, particularmente desde la encíclica Laudato Si’ del papa Francisco.

Para la Comisión Teológica Internacional, la crisis ecológica plantea una cuestión que va más allá de la protección de determinados ecosistemas: obliga a revisar la manera en que las sociedades entienden su relación con la naturaleza, con otras personas y con las generaciones futuras. Desde esa perspectiva, el cuidado de la casa común es presentado no solo como un desafío ambiental, sino también como una cuestión de responsabilidad y justicia.