El planeta se sigue calentando
Los primeros días de septiembre se publicó un informe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) donde se reconoce que el aumento de la temperatura del planeta está encaminado a sobrepasar los 1.5 °C.
Como se recuerda, en la Cumbre de París del año 2015 (COP 21), el compromiso fue limitar el aumento de la temperatura (tomando como referencia los niveles preindustriales) a 1.5 °C. Como ha afirmado el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, estamos a punto de romper ese límite en los próximos años. En realidad, en la actualidad ya estamos en 1.4 °C.
Debemos tomar conciencia que, a partir de ahora, cada décima cuenta y representa, como consecuencia, un paquete diverso de fenómenos extremos que son producto de la alteración de los patrones del clima. No solo son olas de calor y sequías extremas, como las que se han vivido este verano en el hemisferio norte, también son lluvias torrenciales, inundaciones destructivas, incendios forestales, huracanes cada vez más potentes. “Según el IPCC[1], la proporción de ciclones tropicales que alcanzan las categorías cuatro y cinco podría aumentar en torno a un 10 % si el aumento de la temperatura global se limita a 1.5 °C, llegando al 13 % con un aumento de 2 °C y al 20 % con un aumento de 4 °C” (BBC). Incluso algunos científicos señalan que en los próximos años será necesario crear una nueva categoría de huracanes, con velocidades máximas más elevadas y mayores precipitaciones.
Como señaló Michael Mann, director del Centro Penn de Ciencia, Sostenibilidad y Medios de Comunicación de la Universidad de Pensilvania, “1.5°C sería malo, 2 grados realmente malo, y 3 grados es, quizás, el fin de la civilización». El informe del PNUMA señala que “los riesgos y los impactos se intensificarán con cada fracción adicional de grado y con cada año. Entre los impactos previstos figuran la intensificación de los fenómenos meteorológicos extremos, la pérdida de ecosistemas y la inundación de los pequeños Estados insulares en desarrollo (PEID) y de las ciudades costeras de baja altitud sobre el nivel del mar. También se prevén daños graves a la salud humana, la seguridad alimentaria, los suministros de agua, la naturaleza, las ciudades, las infraestructuras y las economías”.
Las proyecciones de los grupos de científicos que alertaron lo que ahora estamos viviendo, señalan que si mantenemos la actual trayectoria se alcanzaría un calentamiento de 2°Cel 2035 y de 3°C el 2050. Si se cumple esta proyección, tendremos temperaturas de 50°C en el 2035 y hasta 60°C en el 2050, lo que significa que, en el 2050, el 60% del planeta sería inhabitable para los seres humanos.
La comunidad de científicos y expertos en el clima también recuerda, con razón, que todos estos años ha habido una obstrucción deliberada que no ha permitido que se avance en la implementación de las políticas que se necesitan para hacer frente a un calentamiento global que avanza con mayor rapidez. La obstrucción proviene de intereses económicos e ideológicos y de la fuerte influencia, en los Estados Unidos, Europa y otras latitudes, de una corriente de pensamiento que lleva el negacionismo y el obstruccionismo climático como emblema. Varios políticos, como Trump, sus aliados e imitadores, han acusado todo este tiempo de alarmistas las proyecciones del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático y han boicoteado la implementación de los acuerdos. Incluso, no olvidemos que, hasta hace algunos años, el actual presidente de los Estados Unidos afirmaba, sin ningún empacho, que: “El concepto de calentamiento global fue creado por y para los chinos para que la manufactura de los Estados Unidos no sea competitiva” y que la narrativa de la crisis climática era la “mayor estafa de la historia”.
La realidad es que existen modelos predictivos validados; lo que significa que se sabe lo que va a pasar y se conocen las causas. Se sabe que el CO₂ que se acumula en la atmósfera es de origen antrópico; que las formas del carbono que se encuentran en el CO₂ provienen del petróleo y del gas natural; etc. Por lo tanto, estamos hablando de un proceso claramente ligado al ser humano y a un modelo de producción y consumo que no se puede sostener. El planeta tiene límites. Esto es física pura y si, por ejemplo, la industria de los fósiles continúa ignorando las leyes de la física, los eventos climáticos extremos continuarán aumentando en intensidad y frecuencia (Le Monde).
Una científica y experta climatóloga señalaba hace poco, con una cuota de sarcasmo, que, “dentro de 20 años, quizá recordemos este verano como uno de los más fríos”. De aquí para adelante, los termómetros seguirán batiendo récords, con temperaturas que pondrán en riego la vida tal y como hoy la conocemos. Habrá que comenzar a imaginarnos cómo será la economía con 50°C a la sombra en un par de décadas. ¿Distopía climática?
Si les parece que exageramos, revisen lo que ha pasado en los 25 años precedentes. A las pruebas nos remitimos.
[1] Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés).