Vozinha y la igualdad de oportunidades

Paul E. Maquet

¡Dónde había estado todo este tiempo Vozinha, el hombre que a los 40 años ha demostrado ser un arquero capaz de pararse de igual a igual frente a ese monstruo de monstruos que es Lionel Messi!

Más allá del halo heroico que envuelve la gesta de la sección de fútbol de Cabo Verde, la historia de sus jugadores abre muchas preguntas y reflexiones para quien esté dispuesto a ver un poquito más allá de los titulares deportivos.

Como se sabe, Vozinha, antes de dedicarse de lleno al fútbol trabajaba como electricista, profesor de vóley y hasta funcionario en un banco, y recién firmó su primer contrato deportivo profesional a los 26 años, bastante tarde para lo que se estila en el mundo de las grandes ligas.

Y si bien la historia en redes ha tenido matices de exageración (“electricista de día y portero de noche”, decía una cuenta), lo cierto es que el futbolista caboverdino tuvo que esforzarse mucho pues siempre tuvo la cancha social inclinada en su contra. A diferencia de otros futbolistas, como el propio Messi, que fueron “descubiertos” por clubes grandes desde niños y recibieron por años toda la inversión que fue necesaria para acompañar y potenciar su crecimiento deportivo.

Entonces, la pregunta es: ¿queremos dejar esto a la suerte, para ver si el próximo Messi logra que un club lo descubra a tiempo? ¿Cuántos Messis, Vozinhas, Haalands o Cristianos están hoy día trabajando de sol a sol para traer el pan a su mesa? ¿Cuántos futuros goleadores están criándose en la calle porque sus padres trabajan todo el día, incluso quizás rodeados de entornos violentos?

Y vayamos más allá: ¿la cura del cáncer podría estar al alcance de un niño que hoy va al colegio sin desayunar? ¿cuántos Einsteins están cantando en el bus a cambio de unas monedas? ¿Cuántos Vargas Llosa crecen en casas donde no hay dinero para comprar libros?

¿Cuánto talento valioso estamos perdiendo por la enorme desigualdad de oportunidades que existe en nuestra sociedad? ¿Está bien dejar esto a la suerte?

Por ello es que, tercamente, insistimos: la sociedad debe apostar por asegurar la igualdad de oportunidades, cobrando impuestos justos a los que más tienen para que los Estados puedan invertir todo lo necesario en educación, salud, deporte, seguridad, alimentación, acompañamiento sicológico y sicosocial y todo lo que se requiere para que cada niño y cada niña pueda tener la posibilidad de potenciar sus talentos.