Oleajes anómalos y trabajo de las mujeres en la pesca artesanal

A tres meses de iniciado el 2026, diversas zonas del litoral peruano han vuelto a ser afectadas por oleajes anómalos de moderada a fuerte intensidad, un fenómeno oceanográfico que ha obligado al cierre temporal de numerosos puertos y zonas de desembarque, según reportes de la Dirección de Hidrografía y Navegación de la Marina de Guerra del Perú.

Si bien estas medidas buscan proteger la seguridad de las personas que trabajan en el mar y de los turistas de verano, los oleajes anómalos también generan impactos económicos y sociales en las comunidades costeras que dependen de la pesca artesanal como principal fuente de sustento.

En el Perú, la pesca artesanal constituye una actividad clave para miles de familias a lo largo del litoral; este sector genera 25 000 empleos directos y 75 000 empleos indirectos. Cuando las condiciones del mar impiden la salida de las embarcaciones o el ingreso al mar, toda la cadena de actividades vinculadas a este sector se ve afectada. En ese contexto, no solo los pescadores experimentan pérdidas económicas, sino también muchas mujeres que participan activamente en distintos eslabones de la cadena pesquera.

En las caletas y puertos del país, las mujeres cumplen un rol clave en la economía pesquera, aunque muchas veces su trabajo permanece invisible. Según el Censo Nacional de Pesca Artesanal (CENPAR), solo el 14 % de quienes trabajan en la pesca artesanal son mujeres. Sin embargo, esta cifra no refleja la diversidad de tareas que realizan en la práctica.

Ellas reciben el pescado cuando llegan las embarcaciones, definen los precios y realizan la limpieza, el fileteo y el procesamiento del producto. También se encargan de su comercialización en mercados locales, de la preparación de alimentos marinos y de pequeños negocios vinculados a los desembarques. Además, varias son propietarias de chalanas, lideran organizaciones de pesca artesanal y apoyan diariamente a sus familiares pescadores en distintas tareas que demanda la actividad.

Por ello, cuando el oleaje anómalo impide la salida de las embarcaciones durante varios días, el impacto no se limita a los pescadores, sino que también afecta directamente a las mujeres que sostienen gran parte de las actividades posteriores a la captura de los recursos hidrobiológicos.

A nivel mundial, los datos indican que las mujeres representan aproximadamente el 50 % de las personas que trabajan en la pesca artesanal, especialmente en las actividades posteriores a la captura. Sin embargo, muchas asumen también tareas vinculadas al cuidado y a la organización del hogar, como la administración del presupuesto familiar, el cuidado de hijos e hijas y la gestión de los ingresos provenientes de la pesca. Aunque estas responsabilidades no suelen registrarse dentro de la cadena productiva pesquera, cumplen una función importante en hogares donde el ingreso depende de una actividad variable como la pesca artesanal.

En la práctica, son las mujeres quienes suelen organizar los gastos del hogar, decidir cómo distribuir los ingresos obtenidos en las jornadas de pesca y administrar esos recursos durante los días en que no se puede salir al mar. Cuando eventos como los oleajes anómalos obligan a suspender temporalmente la actividad pesquera, esta gestión cotidiana de los recursos se vuelve clave para mantener el funcionamiento del hogar y enfrentar los periodos en los que no hay ingresos provenientes de la pesca.

Si bien se trata de un fenómeno oceanográfico natural propio de la dinámica del mar, estos episodios muestran cómo las condiciones marítimas influyen directamente en la actividad pesquera y en la vida cotidiana de las comunidades costeras. En ese contexto, analizar estos eventos permite observar no solo el trabajo que realizan los pescadores artesanales en el mar, sino también el rol que cumplen las mujeres en la organización económica y familiar de los hogares vinculados a la pesca artesanal.

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