Agroecología, semillas nativas y soberanía alimentaria en América Latina
En un contexto marcado por la crisis climática, el avance de los agroquímicos altamente peligrosos y la pérdida progresiva de la agrobiodiversidad en América Latina, la agroecología y la defensa de las semillas nativas se han convertido en temas centrales para debatir el futuro de los sistemas alimentarios en la región. En Lima, el Foro Internacional “Sistemas Alimentarios Sostenibles de Base Agroecológica: avances y desafíos”, realizado los días 14 y 15 de mayo, reunió a organizaciones campesinas, pueblos indígenas, instituciones y especialistas de distintos países andinos para intercambiar experiencias y discutir alternativas frente a los impactos ambientales, sociales y económicos del modelo agrícola convencional.
Este fue el eje del programa de esta semana de La Hora Verde, titulado “Agroecología, semillas nativas y soberanía alimentaria en América Latina”, que contó con la participación de David Solar, representante del Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (CIPCA) de Bolivia; Ana Ochoa, integrante del Instituto Mayor Campesino (IMCA) de Colombia; y Humberto Huamaní, representante de CooperAcción.
Desde la experiencia boliviana, David Solar explicó que la agroecología debe entenderse como una propuesta integral que articula aspectos sociales, económicos, culturales y ambientales, y no únicamente como una técnica agrícola o una sustitución de insumos químicos. Señaló que el trabajo impulsado por CIPCA en comunidades guaraníes del Chaco boliviano busca fortalecer sistemas productivos biodiversos, restaurar funciones ecosistémicas y recuperar conocimientos ancestrales frente a problemas como la escasez de agua, la degradación de suelos y la variabilidad climática. Asimismo, destacó la importancia de las semillas nativas como patrimonio de los pueblos y resaltó iniciativas como las “casas de las semillas”, espacios comunitarios orientados a conservar semillas locales, fortalecer la soberanía alimentaria y proteger la diversidad agrícola frente al avance de los transgénicos y el agronegocio.
Por su parte, Ana Ochoa señaló que en Colombia la agroecología se ha consolidado como una apuesta por la permanencia digna en los territorios y por la revitalización de la agricultura campesina, familiar, étnica y comunitaria. Explicó que este enfoque no solo involucra dimensiones productivas, sino también aspectos económicos, culturales, espirituales y políticos vinculados a la organización social y la construcción de mercados locales y solidarios. Además, advirtió que, pese a los avances normativos alcanzados por los movimientos sociales y las organizaciones campesinas, persisten importantes limitaciones estructurales relacionadas con el abandono histórico de la ruralidad, la expansión del modelo agrícola convencional y la falta de financiamiento para implementar políticas públicas en favor de la agroecología y la protección de semillas nativas.
En tanto, Humberto Huamaní destacó las experiencias impulsadas en comunidades campesinas del sur andino en Perú, particularmente en las regiones de Apurímac y Cusco, donde se desarrollan prácticas de siembra y cosecha de agua, biohuertos, forestación con especies nativas y ferias agroecológicas lideradas principalmente por mujeres. Subrayó que la agroecología implica recuperar saberes ancestrales que históricamente permitieron conservar suelos, semillas y sistemas de producción adaptados a distintos pisos ecológicos. También remarcó el rol fundamental de las mujeres como guardianas de las semillas nativas y señaló la necesidad de fortalecer políticas públicas que reconozcan la importancia de la agricultura familiar y de las semillas criollas frente al avance de los agroquímicos y las semillas transgénicas.
En el cierre del programa, los participantes coincidieron en que la agroecología y la soberanía alimentaria constituyen hoy una discusión profundamente política vinculada a la defensa de los territorios, la biodiversidad, la salud y el derecho a una alimentación sana. Además, remarcaron la importancia de fortalecer la articulación regional entre organizaciones y comunidades, impulsar financiamiento estatal para iniciativas agroecológicas y garantizar que las semillas nativas y los conocimientos ancestrales sean reconocidos como elementos fundamentales para enfrentar la crisis climática y alimentaria en América Latina.
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