Presidente Francisco Sagasti: Las comunidades de Cusco exigen reparación integral tras 40 años de actividad minera

Imagen: Ojo Público A pocos días de concluir el mandato de la Comisión Multisectorial encargada de evaluar los posibles daños en nuestras comunidades, nos dirigimos a Usted para expresarle lo siguiente: Los territorios donde vivimos son parte de la zona de Expansión minera Coroccohuayco, una de las zonas de la Unidad Minera Antapaccay. Pacopata y […]

Imagen: Ojo Público

A pocos días de concluir el mandato de la Comisión Multisectorial encargada de evaluar los posibles daños en nuestras comunidades, nos dirigimos a Usted para expresarle lo siguiente:

  1. Los territorios donde vivimos son parte de la zona de Expansión minera Coroccohuayco, una de las zonas de la Unidad Minera Antapaccay.
  2. Pacopata y Huini Coroccohuayco son comunidades que se desmembraron de la Comunidad de Huano Huano. La empresa minera compró a Huano Huano más de 400 hectáreas de tierras, incluido el territorio que ambas comunidades ocupábamos. Este hecho implicó el desplazamiento de familias de nuestras comunidades, a las cuales se les entregó montos de entre 60 y 100 dólares por hectárea vendida, que no les permitieron rehacer sus vidas en otros lugares. Ante el malestar social que esto generó, la empresa entregó a esas familias, solo en posesión, tierras en los fundos Huara Huara y Torca, zonas inhóspitas para nuestras actividades campesinas, sin servicios e infraestructura básica para las familias desplazadas.
  3. Con las tierras vendidas, nuestras comunidades perdieron zonas de pastoreo y cuando la empresa construyó el cerco de su propiedad, también perdieron el acceso al río Huano Huano. Desde entonces, un grupo de familias solo puede acceder a sus viviendas y tierras de pastoreo y cultivo a través de la garita de seguridad de la empresa minera.
  4. A esos daños se sumaron otros. En un 70%, nuestras comunidades se abastecen de agua de manantiales. Cuando empezaron las actividades de exploración para el proyecto Coroccohuayco en el año 2011, muchos manantes perdieron su caudal o desaparecieron. Además, hasta la fecha, existe el “túnel de exploración” donde se bombea y traslada agua en camiones a otras zonas de operación de la mina. Es decir, a diario perdemos agua y tenemos que soportar el ruido que produce la bomba, 3 a 4 horas al día. En otras zonas donde los sondajes han sido cerrados, existen afloramientos de agua. Todo hace pensar que esa agua que brota estaría contaminada, porque observamos que nuestros animales se enferman cuando la toman. Las dos comunidades hemos reportado 58 zonas de baja de caudal o pérdida de manantes y tres zonas de afloramiento de aguas aparentemente contaminadas, sin que seamos escuchados.
  5. Esto ha significado también pérdida de pastizales y disminución de ganado, a lo que se suma la pérdida de mercado para nuestros productos agropecuarios, presuntamente contaminados por metales pesados. Es decir, todo ello nos ha traído más pobreza.
  6. De la Comisión Multisectorial de Reparaciones esperamos soluciones concretas a estos problemas, que nos digan qué pasó con el agua, a dónde se fue, por qué no cierran el túnel de exploración, si los afloramientos son dañinos o no, y cómo se repondrá el agua para nuestra población y animales, en cantidad y calidad necesaria. Además, necesitamos saber qué se hará para reponer la infraestructura común de riego perdida, y cómo superaremos la limitación para transitar en nuestro territorio.
  7. Nos preocupa qué pasará en el futuro. Si la exploración dejó todos estos impactos ¿que ocurrirá durante la explotación en los próximos años? El EIA semidetallado que se aprobó para la exploración no evitó los problemas que ahora tenemos. Por eso, cuando se evaluaba la modificatoria de estudio de impacto ambiental (MEIA) para la fase de explotación exigimos que se hiciera consulta previa, pero SENACE nos negó esa posibilidad y el MEIA fue aprobado. ¿Quién es el garante de nuestros derechos? Nos sentimos realmente desamparados.
  8. Estando en una mesa de diálogo donde se ofrece como reparación solo medidas de control y a lo sumo proveer de agua de consumo humano a algunas comunidades, consideramos que ello es totalmente insatisfactorio. Necesitamos que se reponga o compense lo que perdimos.

El desarrollo del país no puede basarse en la destrucción de los medios de vida de las comunidades campesinas originarias como viene ocurriendo. Es inhumano hacerlo, por lo tanto, exigimos respeto a nuestros derechos y una reparación digna, justa e integral.

 

15 de julio del 2021