Hacia un futuro justo: transición energética para proteger la Amazonía y los océanos en el Perú

Un nuevo informe de CooperAcción alerta sobre la doble amenaza que enfrenta el Perú: la crisis climática global y la contaminación por petróleo en dos de sus ecosistemas más vitales, la Amazonía y el mar de Grau.

La Amazonía peruana y el océano Pacífico no solo regulan el clima y albergan una biodiversidad excepcional, sino que actúan como los principales sumideros de carbono del planeta. Sin embargo, la extracción petrolera los está deteriorando gravemente.

En Loreto, solo en el Lote 192 existen más de 3,200 sitios contaminados. En Piura se concentran más de 3,100 pasivos ambientales por hidrocarburos, muchos de alto riesgo. Y en Lima, el derrame de La Pampilla (2022) devastó la costa tras verter más de 10 mil barriles de petróleo.

Frente a esta realidad, el documento subraya que la remediación es lenta, costosa y carece de enfoques adaptados a los territorios. Se necesitan estudios locales, monitoreo participativo y planes con base científica.

A nivel planetario, la quema de combustibles fósiles es la principal causa del calentamiento global. Por eso, el mundo acordó en la COP28 “alejarse de los combustibles fósiles de manera justa y ordenada”. La transición energética ya avanza: India, China y Europa están apostando masivamente por energías solar y eólica.

En paralelo, crece la propuesta de un Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles, respaldado por más de 100 ciudades y países vulnerables. La exigencia es clara: frenar el petróleo, el carbón y el gas, y acelerar el cambio hacia energías renovables.

El informe concluye que conservar la Amazonía y el océano no es solo un desafío nacional, sino una responsabilidad global. La justicia ambiental y social depende de dejar atrás los combustibles fósiles.

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