Cuando los EIA son vistos como un estorbo: el avance de proyectos sin control ambiental

Cada vez más voces buscan instalar la idea de que los Estudios de Impacto Ambiental (EIA) son un “estorbo” para el desarrollo. En nombre de la lucha contra el tráfico urbano o la urgencia de generar empleo, se impulsa la aprobación de proyectos al caballazo, debilitando la institucionalidad ambiental y poniendo en riesgo la calidad de vida de la ciudadanía.
En la más reciente edición de La Hora Verde, la abogada Ana Leyva, de CooperAcción, y el dirigente vecinal Eduardo Salmón analizaron este preocupante escenario a partir de los casos de infraestructura vial en Lima, como la Vía Expresa Sur, que avanza sin contar con certificación ambiental ni expediente técnico completo.
Desde Surco, Salmón relató cómo la obra ha significado la pérdida de nueve parques y cientos de árboles, además de impactos en el río Surco y problemas directos para los vecinos. “Ya vemos inundaciones, hundimientos y ruido constante. Lo más grave es que nadie nos consultó. No estamos contra la obra en sí, sino contra la forma en que se hace. Queremos desarrollo, pero con estudios que garanticen seguridad y preserven nuestras áreas verdes”, subrayó.
Por su parte, Leyva advirtió que esta narrativa que presenta a los EIA como un trámite innecesario busca legitimar la eliminación de cualquier evaluación previa. Recordó que los estudios no solo previenen daños ambientales, sino también riesgos sociales y de salud. “La inversión no puede ser un fin en sí mismo. Si no mejora la vida de las personas, no tiene sentido. Confundir la reducción del tráfico con un beneficio ambiental es manipular el debate. Los EIA justamente sirven para ponderar intereses y tomar mejores decisiones”, explicó.
Ambos coincidieron en que este discurso abre la puerta a que proyectos de infraestructura y extractivos se ejecuten sin análisis riguroso de sus impactos, en un contexto donde Lima ya enfrenta un grave déficit de áreas verdes. Además, alertaron que, si esta tendencia se consolida, podría replicarse en otras regiones del país, debilitando aún más los mecanismos de control ambiental.
La Hora Verde subrayó que los EIA no son un capricho ni una traba, sino herramientas esenciales para equilibrar intereses y proteger la vida de las personas y los ecosistemas. Sin ellos, el riesgo es claro: avanzar hacia un modelo de “desarrollo” que destruye lo que debería proteger.
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