Southern llega a Cajamarca con el proyecto Michiquillay

Esta mañana, ProInversión informó que la Compañía Minera Southern Copper Corporation ganó la buena pro del megaproyecto de cobre Michiquillay, ubicado en Cajamarca. Se trata de uno de los proyectos mineros más grandes impulsados en los últimos años, con una inversión aproximada de US$2,000 millones. Pese a ello, de las 10 empresas calificadas, únicamente dos presentaron sus propuestas técnicas y económicas: la ganadora Southern y Milpo.

La propuesta presentada por Southern, del Grupo México, incluye un precio de transferencia de US$ 400 millones y una regalía contractual del 3%.

Larga es la historia del proyecto Michiquillay, que fue devuelto al Estado en el 2014 por Anglo American, empresa que había estimado una producción de 200 mil toneladas de cobre por año. Ello abrió un proceso de adjudicación, el mismo que tuvo que ser postergado en diciembre pasado, en medio de la crisis política que casi desembocó en la vacancia presidencial.

Para el Gobierno de PPK, “destrabar” Michiquillay es uno de sus grandes objetivos económicos, pues estima que su ejecución podría aportar hasta medio punto de crecimiento del PBI en los próximos años. Estas proyecciones pueden estar sobredimensionadas y, además, cabe señalar que el proyecto aún debe culminar su etapa de exploración y luego elaborar su estudio de impacto ambiental, de manera que el impacto económico no se vería antes de tres o cuatro años.

Más aún cuando el proyecto tiene problemas de falta de licencia social entre las comunidades de la zona. En diciembre, ciudadanos de La Encañada y Namora realizaron protestas en contra de la licitación del megaproyecto minero, y líderes regionales ya anunciaron su rechazo al mismo.

Los antecedentes de Southern

Lo que llama la atención es que la empresa ganadora, Southern Perú, sigue envuelta en uno de los mayores conflictos socioambientales de la última década: el caso de Tía María, en Arequipa. El proyecto, también cuprífero, ha tenido que ser suspendido hasta en dos oportunidades (en 2011 y 2015) ante el masivo rechazo de la población local. En este largo conflicto ha sido evidente el mal relacionamiento de la empresa con las comunidades locales, lo que ha llevado a una profunda desconfianza contra la minera. Pese a ello, Southern insiste en sacar adelante el proyecto Tía María y en la actualidad viene desarrollando una intensa campaña publicitaria en varios medios de comunicación.

La empresa también carga con denuncias por mal manejo ambiental en sus operaciones en Moquegua y Tacna. Cabe recordar que hace poco más de un año, Southern fue sancionada por el OEFA por violar normas ambientales en Cuajone (Moquegua), Toquepala (Tacna) y la Fundición y Refinería de Ilo con una multa de 82 millones de soles. Además, recientemente se conoció que el río Torata -en el cual la empresa realiza descargas de agua- tiene concentraciones de metales tóxicos por encima de los límites permisibles, ante lo cual la población viene pidiendo una investigación.

¿Podrá una empresa con estos antecedentes llevar a cabo un proyecto de la magnitud de Michiquillay en Cajamarca? Apenas han transcurrido seis años desde que debió suspenderse el proyecto Conga, ubicado muy cerca de Michiquillay, por la oposición firme de la población que teme por el impacto sobre sus fuentes de agua. ¿Habrán aprendido las empresas de los errores del pasado reciente?

20 de febrero de 2018