La transición energética de China y sus impactos en el Perú

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Julia Cuadros

La transición energética global[1] tiene a China como uno de sus principales protagonistas. Como el mayor emisor de gases de efecto invernadero del planeta y líder en tecnologías renovables, China se ha comprometido a alcanzar la neutralidad de carbono en 2060 y el pico de emisiones antes de 2030. Esta transformación no solo redefine su modelo energético interno, sino que también tiene impactos importantes en sus relaciones económicas y políticas con países como Perú.

Nuestro país, profundamente ligado al mercado chino a través de la minería, en particular de cobre, y la inversión en infraestructura, enfrenta una serie de impactos directos e indirectos derivados de esta transición. ¿Son mayores los riesgos sociales, ambientales y tecnológicos, que las posibles oportunidades que brinda la transición?

El auge de las energías renovables en China es de verdad impresionante, más aún porque se ha dado en pocos años.

La constitución de la República Popular China (1949) encontró al país con una matriz energética centrada en el uso del carbón, como la gran mayoría de países en el mundo. La reforma económica liberal implementada por Deng Xiaoping, expandió la producción de energía profundizando el uso del carbón. Recién a partir de 1990 se inició un proceso de diversificación y crecieron las inversiones en hidroeléctricas. Con el ingreso de China a la Organización Mundial de Comercio en 2001 y el mayor desarrollo de su industria, China se convirtió en el mayor emisor de CO2 a nivel global. Es recién en 2005 que el PCC, bajo el gobierno de Hu Jintao (2002-2012)[2], aprobó su Primer Plan Nacional de Eficiencia Energética que tuvo como finalidad promover la eficiencia industrial. Es así como, a partir de 2009, la política china viró hacia el impulso de las energías renovables.

Xi Jinping, quien asume el poder en 2013, lanzó la denominada Revolución Energética centrada en el uso limpio y eficiente de la energía; en 2015 firmó el Acuerdo de París, donde China se comprometió a alcanzar el pico de emisiones antes de 2030. Como parte de esta Revolución Energética, en 2017 inició la Guerra contra la contaminación, cerrando plantas de carbón ineficientes y promoviendo vehículos eléctricos. Asimismo, Xi Jinping anunció que China alcanzaría la neutralidad de carbono en 2060. En el 14° Plan Quinquenal (2021-2025) el gobierno chino se propuso el aumento de energías no fósiles, lo que ha colocado a la RPC como líder a nivel mundial en desarrollo de energía solar y eólica. Además, en los últimos años, China viene destacando en la producción de vehículos eléctricos. A pesar de estos esfuerzos, China continúa siendo el mayor emisor global de gases de efecto invernadero (statista.com). Según el portal Our World in Data (https://ourworldindata.org/ ), China es, de lejos, el principal consumidor de carbón en el mundo. A 2023, consumía aproximadamente 25000 TWh[3] de energía proveniente del carbón, muy lejos de los otros mayores consumidores como India, Unión Europea y Estados Unidos.

Inversión en minería: la cara más visible de la transición energética china

Uno de los efectos más evidentes en el Perú de la transición energética china es el aumento de la demanda de minerales estratégicos, especialmente cobre. Este metal es esencial para la electrificación global, desde redes inteligentes hasta vehículos eléctricos. China, como mayor fabricante de tecnología limpia, necesita grandes volúmenes de cobre, y Perú, como segundo productor mundial, se convierte en un socio clave.

La contradicción es clara: mientras el mundo busca una transición “verde”, esta depende del despliegue intensivo de minería en países del sur global, con altos costos sociales y ambientales. Entonces, nos preguntamos ¿de qué transición verde estamos hablando?

Fuente: MINEM Anuario Minero Estadístico 2023.
https://www.gob.pe/institucion/minem/informes-publicaciones/5804716-anuario-minero-2023
Elaboración: CooperAcción

Empresas como MMG Limited —subsidiaria de la estatal china Minmetals— operan megaproyectos como Las Bambas, cuya producción se destina principalmente al mercado chino. Esta relación, sin embargo, ha venido acompañada de conflictos sociales, demandas territoriales de comunidades campesinas, y procesos de criminalización de defensores ambientales en regiones como Apurímac y Cusco.

Inversión energética en Perú: creciente control de la producción y transmisión de electricidad

China no solo demanda minerales; también invierte activamente en el sector energético y de infraestructura del Perú. La inversión en el sector de generación, transmisión y distribución eléctrica, ligado directamente al sector minero por su alta demanda de energía, creció de 1.7 GW de capacidad a 2.7 GW entre 2005 y 2023. La mayor parte de estas inversiones se han llevado a cabo en la cuenca del río Marañón, donde incluso se proyectó la construcción de 20 centrales hidroeléctricas, las mismas que afectarían irremediablemente los medios de vida de las poblaciones y su medio ambiente.

Empresas como China Three Gorges Corporation han adquirido proyectos hidroeléctricos como Chaglla (construida por Odebrecht con una generación de 456 MW[4]) y la empresa State Grid controla una gran parte de la red de transmisión eléctrica tras la compra de Luz del Sur[5] y la Red de Energía del Perú; resultando que, en Lima, Enel – China Southern Power Grid maneja el 54% de la electricidad, mientras que el 46% restante está en manos de Luz del Sur. China ha sabido aprovechar el contexto del destape de corrupción de Odebrecht y el caso Lavajato.

El Megapuerto de Chancay: proyecto clave de la estrategia china

El Terminal Portuario Multipropósito de Chancay, propiedad de la  empresa china Cosco Shipping como accionista principal en alianza con Minera Volcan (peruana), es un proyecto clave en América Latina de la estrategia para la transición energética china y la creciente demanda de recursos naturales. 

El puerto está pensado para facilitar el comercio entre Asia y Sudamérica, reduciendo costos y tiempos de envío, y se convertirá en un importante centro logístico por el que se redistribuirá la carga de otros países de la región.

Permitirá a China acceder a recursos naturales clave para su transición energética, como el cobre y otros minerales; pero también para facilitar el acceso hacia Asia de productos provenientes de Brasil o Argentina, Ecuador o Colombia.

También facilitará la importación de vehículos eléctricos, en un contexto en el que Estados Unidos y Europa están poniendo restricciones a los autos fabricados por la china BYD; así mismo, de componentes para energías renovables como paneles solares o turbinas eólicas fabricadas en China hacia los países de nuestro continente.

Aunque las inversiones prometen beneficios económicos, ya que ofrecen capital, tecnología y ampliación de la cobertura energética, también están ejerciendo presión en los marcos regulatorios, especialmente ambientales, ya que se desarrollan en territorios sensibles y sin tomar en cuenta la opinión de las poblaciones locales quienes no son consultadas; pero principalmente están generando impactos sociales y ambientales que no están siendo atendidos ni por las autoridades peruanas ni por las propias empresas.

En el caso de Chancay, los impactos negativos se visibilizan en la afectación a los medios de vida, en particular de los pescadores artesanales que han tenido que cambiar sus zonas de pesca. Además, a los pobladores por las rajaduras a sus viviendas por las explosiones en la etapa de construcción; y la presencia de traficantes de tierras, ya que hasta la fecha no se han aprobado los planes de acondicionamiento territorial y desarrollo urbano. De igual manera identificamos impactos en el ecosistema costero.También en este caso se viene produciendo criminalización contra las y los defensores ambientales y denuncias por difamación por parte de la empresa china contra líderes de las organizaciones sociales[6].

Impactos ambientales y sociales: ¿una transición para quién?

La expansión minera y energética vinculada a la demanda china no ocurre en el vacío. Afecta ecosistemas frágiles, territorios indígenas, cuencas hidrográficas y zonas con conflictos históricos. Las comunidades en regiones como Cotabambas, Chumbivilcas y Espinar reclaman participación efectiva, respeto a sus derechos colectivos y acceso a los beneficios de la actividad extractiva.

En el contexto global de altos precios del cobre y otros minerales, desde el Estado y las empresas se viene promoviendo una extracción exacerbada de estos recursos, envuelta en un discurso “verde”: negocios verdes, economía circular, financiación climática, mercados de carbono, “minería climáticamente inteligente” con responsabilidad social y ambiental, con cero emisiones, etc. Este discurso no pone en cuestión el modelo basado en el crecimiento ilimitado, indefinido.

No existe la voluntad política de llevar adelante una transición energética justa como reclaman las poblaciones que se ven afectadas por operaciones que presionan sus territorios y violentan derechos, convirtiéndolos en zonas de sacrificio. ¿Es sostenible una “transición verde” global que sacrifica territorios del sur global para abastecer las necesidades del norte o del este? No lo es.

La transición energética de China impacta profundamente a Perú, especialmente a través de su rol como proveedor de minerales y receptor de inversiones en energía e infraestructura. Si bien hay oportunidades claras —como el acceso a tecnología y financiamiento— también existen riesgos evidentes de profundización del modelo extractivista, dependencia tecnológica, conflictos sociales, graves impactos ambientales y violación de derechos.

Frente a esta situación, desde CooperAcción señalamos que las actividades extractivas no pueden continuar desarrollándose, expandiéndose, profundizándose, bajo los mismos términos, imponiendo zonas de sacrificio. Requerimos construir desde los territorios una alternativa de gobernanza de los bienes de la naturaleza, que forme parte de un proceso de transición y de transformación social y ecológica[7].


[1] El proceso de abandono de los combustibles fósiles y adopción de energías limpias.

[2] China se había convertido en la sexta economía más grande del mundo y la quinta potencia exportadora a nivel internacional. En 2010, el crecimiento económico alcanzó un 10% en promedio, superando la media mundial de 3.9%; realizaron viajes tripulados al espacio y a aguas profundas (PCC, 2013).

[3] TWh: Teravatios por hora

[4] Mongabay, septiembre 2023.

[5] Adquirida en 2019 también por la empresa estatal China Three Gorges Corporation.

[6] Véase: https://cooperaccion.org.pe/opinion/impactos-invisibles-del-megapuerto-de-chancay/   

[7] Documento de Trabajo. José De Echave, Agosto de 2025.

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