La regalía minera en Chile y la mezquindad de algunos

José De Echave C.

El anuncio de que la Cámara de Diputados de Chile ha aprobado una regalía minería que incorpora incrementos progresivos sobre las ventas del cobre, ha abierto un debate en el vecino país mientras que todavía falta que el Senado se pronuncie. El gobierno de Piñera se ha declarado en contra y se ha sumado a la oposición del empresariado minero y sus voceros.

Imagen: El inversor energético

Pero lo que llama poderosamente la atención son las primeras reacciones que esta medida viene teniendo en el Perú. “Mayor pago de regalías mineras en Chile abre una oportunidad para el Perú” o “El cambio en Chile juega a nuestro favor”, son algunos titulares que se comienzan a leer en algunas páginas de economía en medios nacionales.

Viendo estos titulares, no está demás preguntarnos dónde está la verdadera oportunidad para un país como el Perú cuando se abre un debate de este tipo y se plantean iniciativas de políticas públicas en otros países. ¿La oportunidad reside realmente en que una medida de este tipo va a restarle competitividad, por ejemplo, a la minería chilena y va a favorecer a sus “competidores”, entre ellos el Perú? ¿Ese es el enfoque que le queremos dar?

Cuesta creer que se pretenda mirar en estos términos un tema como éste, más aun en las circunstancias que vivimos. Una mirada de este tipo es tremendamente limitada y además parte de medias verdades y premisas erradas. En primer lugar porque la competitividad de la minería peruana, sobre todo la de cobre, descansa sobre otros pilares que algunos siempre pretenden ocultar: mientras que las principales minas cupríferas de Chile tienen costos de producción superiores a US$ 2.50 la libra, en el Perú el costo promedio de producción apenas supera US$1.00 la libra.

Por lo tanto, no es por el cambio exclusivo en la regalía o alguna medida tributaria en un país vecino, que nuestro país gana o pierde competitividad en el sector minero. Los análisis comparativos involucran diversas variables: ley de mineral, acceso a energía y agua, infraestructura y varias otras variables.

Pero sobre todo estamos obligados a cambiar el enfoque. Lo que ocurre en Chile puede y debe ser visto de otra manera completamente distinta. ¿No es acaso una gran oportunidad que países vecinos e incluso organismos internacionales como el FMI, el Banco Mundial o la CEPAL, comiencen a recomendar a los países que adopten políticas para capturar una parte más importante de la renta extractiva en una coyuntura tan difícil como la que vivimos? La directora del FMI, Kristalina Georgieva, hace algunas semanas ha pedido que los países apuesten por “adaptar el sistema fiscal al mundo del siglo XXI y hacerlo más equitativo”, que los impuestos deben ser más progresivos y que las grandes empresas y los que más tienen, deben pagar “lo justo” en un contexto de merma generalizada de los ingresos públicos y, añadiría, de precios de los minerales  extraordinariamente altos.

Por lo tanto, lo que pasa en Chile y en otros países que buscan recuperar ingresos fiscales en un contexto tan difícil como el que vivimos, es una pista a seguir y no puede ser visto como “una oportunidad para ser más atractivos a los inversionistas mineros”. Es increíble que algunos no terminen de entender el dramático momento que vivimos y sigan centrando sus preocupaciones en garantizar “la competitividad” de actividades como la minería peruana y sobre todo mantener el statu quo para los inversionistas, dejando de lado los intereses del país. Es totalmente legítimo que los países busquen recuperar un porcentaje mayor de la renta extractiva en un contexto como el que vivimos y en el que los precios de minerales como el cobre baten récords históricos y las empresas comienzan a tener sobre ganancias extraordinarias.

A propósito de la regalía minera en nuestro país, un primer paso en tanto instrumento fiscal, debería ser que se aplique sobre el valor de producción o de las ventas en vez de sobre la utilidad operativa, como sucede con la regalía actual. ¿Qué ventaja traería esto? Primero, le genera ingresos al fisco desde el comienzo de la producción (y sin demora, lo que trae además un alivio para cubrir las expectativas que genera la llegada de un proyecto minero a una región, que si no aporta beneficios se puede traducir en malestar y conflictividad social); segundo, anula la utilidad de elevar los costos deducibles para pagar menos impuestos. Este tipo de regalía ya se aplica en el caso de Las Bambas (regalía contractual) y no ha sido ningún impedimento para que el proyecto se desarrolle.

El debate sobre el tema fiscal y la minería está abierto. Dejemos la mezquindad de lado; el país necesita recuperar ingresos públicos. Que este ciclo de precios altos nos beneficie realmente y no volvamos a cometer el error de aplicar la política del “piloto automático”.

13 de mayo de 2021