Santa Marta y el fin de los combustible fósiles: ¿por qué el Estado peruano estuvo ausente?
En un contexto marcado por la crisis climática global y el creciente debate internacional sobre la transición energética, la discusión sobre el futuro de los combustibles fósiles y los impactos de las actividades extractivas adquiere cada vez mayor relevancia en América Latina. La reciente Conferencia de Santa Marta, realizada en Colombia, reunió a gobiernos, organizaciones sociales, pueblos indígenas y movimientos climáticos para debatir rutas de salida de los combustibles fósiles y avanzar hacia modelos energéticos más sostenibles. Sin embargo, la ausencia oficial del Estado peruano en este espacio evidenció las tensiones y vacíos que aún existen en el país frente a los desafíos de la transición energética y la soberanía sobre los recursos naturales.
Este fue el eje del programa de esta semana de La Hora Verde, titulado “Santa Marta y el fin de los combustibles fósiles: ¿por qué el Estado peruano estuvo ausente?”, que contó con la participación de Alejandro Alemán, coordinador regional de Climate Action Network Latin America (CANLA); Joe Infante, integrante del programa marino-costero de CooperAcción; y Luis Díaz, presidente de la Federación de pescadores artesanales y ancestrales de los distritos de Ventanilla, Santa Rosa, Ancón, Aucallama y Chancay.
Desde una mirada regional, Alejandro Alemán señaló que la Conferencia de Santa Marta representa un hito importante en el debate climático internacional, al abrir un espacio específico para discutir la salida progresiva de los combustibles fósiles, tema que durante años enfrentó resistencias en los espacios oficiales de negociación climática. Explicó que el encuentro permitió avanzar en la construcción de hojas de ruta para la transición energética y fortalecer la cooperación entre países que buscan reducir su dependencia del petróleo, gas y carbón. Asimismo, advirtió que uno de los principales desafíos será garantizar una transición justa que no reproduzca nuevas formas de extractivismo vinculadas a minerales críticos como el litio o las tierras raras.
Por su parte, Joe Infante abordó las contradicciones del caso peruano, señalando que, pese a los compromisos ambientales asumidos por el país en distintos espacios internacionales, persiste una fuerte dependencia de actividades extractivas y una ausencia de políticas claras para impulsar energías limpias. Indicó que esta situación resulta especialmente preocupante para las comunidades costeras afectadas por derrames de hidrocarburos y otros impactos ambientales vinculados a la industria petrolera. También remarcó que el Perú llega tarde al debate sobre transición energética en comparación con otros países de la región, lo que podría generar riesgos económicos, sociales y ambientales en el futuro.
En tanto, Luis Díaz destacó la preocupación de las organizaciones de pescadores artesanales frente a la continuidad de actividades contaminantes en el litoral peruano y la falta de participación de las comunidades en los espacios de decisión sobre políticas energéticas y ambientales. Señaló que los impactos de los derrames de petróleo continúan afectando los medios de vida de miles de familias dedicadas a la pesca artesanal y subrayó la necesidad de que cualquier proceso de transición energética considere mecanismos de reparación, remediación ambiental y protección de los territorios y ecosistemas marinos.
En el cierre del programa, los participantes coincidieron en que la transición energética ya no constituye únicamente un debate ambiental, sino también una discusión sobre soberanía, justicia social y futuro económico. Advirtieron que el Perú enfrenta el reto de definir una estrategia clara frente a los cambios globales en materia energética y remarcaron la importancia de fortalecer la participación de las comunidades afectadas, promover políticas públicas de largo plazo y garantizar que la transición hacia energías limpias no profundice las desigualdades ni los impactos sobre los territorios.
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