¿Alpayana cuida el agua?

La empresa minera Alpayana ha presentado, con bombos y platillos, su documental “El camino del agua”. El video “recorre la cuenca del río Rímac desde su origen en los Andes hasta su llegada a los hogares de Lima, una ciudad de más de diez millones de habitantes”, según la nota de prensa difundida por la empresa.

Un argumento sorprendentemente similar al del documental “La Amenaza de Ariana”, presentado por CooperAcción el año 2024, que también muestra cómo Lima es una ciudad vulnerable frente a la escasez de agua, y cómo el agua que tomamos nace en las cabeceras de cuenca, en las alturas de los Andes. Sin embargo, aquí acaban las similitudes.

“La Amenaza de Ariana” muestra los peligros del proyecto minero de Alpayana que se quiere emplazar en medio del sistema hídrico de Marcapomacocha de donde se capta la mayor parte del agua que se consume en Lima y Callao. En contraste, en el documental de Alpayana se quiere hacer creer que esta empresa es una gran benefactora que provee de agua a la capital. ¿Es esto así? ¿Cuál es la realidad?

Lo cierto es que Alpayana, una empresa que produce cobre y zinc en varias unidades mineras, tiene presencia en las dos subcuencas que abastecen de agua a Lima, y en ambas su actividad es problemática.

En la zona de Marcapomacocha, a través de un trasvase conocido como Túnel Trasandino Cuevas – Milloc, Sedapal capta las aguas que deriva hacia la subcuenca del río Santa Eulalia. Estas aguas luego se encuentran con la cuenca principal del río Rímac y llegan hasta La Atarjea, donde se potabilizan y distribuyen hacia las ciudades de Lima y Callao. De este sistema sale casi el 70% del agua que usamos en época de estiaje.

Y justo allí, Alpayana quiere ejecutar el proyecto minero Ariana, que según la propia Sedapal afectaría la cantidad y calidad de agua que capta y podría comprometer la estabilidad del túnel Cuevas – Milloc. El proyecto es una locura, pues pone en riesgo la mayor parte de nuestro abastecimiento de agua, como ha sido demostrado una y otra vez en diversas instancias judiciales, por estudios técnicos independientes y por informes de Sedapal.

Pero allí no acaba la cosa, pues Alpayana también está presente en la otra subcuenca, la de la parte alta del río Rímac, donde es propietaria de las unidades mineras Yauliyacu, Americana y Casapalca. La unidad minera Yauliyacu, que hasta el 2022 era propiedad de Los Quenuales, de Glencore, bombea sus relaves a la zona de Chinchán, en la cabecera de cuenca del río Rímac. Un estudio elaborado por la Comisión Episcopal de Acción Social (CEAS), Red Muqui y la Diócesis de Chosica recogió muestras de 9 puntos en las inmediaciones de estos relaves para analizar la calidad de agua, los sedimentos y la estabilidad de la relavera. En los puntos de estudio de sedimentos, aguas abajo de la relavera de Chinchán, se encontró presencia de arsénico y zinc por encima de los límites recomendados por la norma de referencia de Canadá (en ausencia de una norma peruana que regule la contaminación de sedimentos). En los puntos de monitoreo de la estabilidad química de los relaves, los análisis de laboratorio mostraron un alto potencial de generación de acidez y de liberación de hasta 11 elementos químicos en las muestras recogidas en Chinchán.

También se encontró que estas relaveras presentan problemas de erosión laminar, surcos y cárcavas por erosión hídrica, así como deslizamientos y derrumbes en el material coluvial en el talud y riesgo de inestabilidad permanente, según el análisis de Red Muqui.

Entonces, ¿de dónde saca Alpayana la historia de que provee agua para Lima? Del túnel Graton, una infraestructura construida en los años 60 para desaguar el acuífero subterráneo y permitir la explotación minera de Casapalca. A través de este túnel, Alpayana vierte aguas procedentes de sus operaciones mineras hacia el cauce del río Rímac. En efecto, una proporción de las aguas que capta Sedapal para su potabilización en La Atarjea proviene de este túnel, lo que según la empresa minera es de alrededor de un 20% (muy lejos del casi 70% que se capta del sistema de Marcapomacocha, por cierto).

Sin embargo, hay que ser claros: el túnel Graton no fue construido para abastecer de agua a Lima, sino para desaguar la zona de Casapalca y deshacerse de aguas provenientes de la mina. No hay ningún “favor” aquí de Alpayana hacia los limeños y limeñas, como la empresa quiere hacer creer: más bien hay un permiso del Estado, a través de la Autoridad Nacional del Agua, para que la empresa pueda verter estas aguas hacia el Rímac, con el compromiso de hacerlo cumpliendo con los estándares de calidad ambiental.

Y aquí viene el problema: no siempre se ha cumplido con ello. Monitoreos de la calidad de agua de la ANA y otros estudios independientes en el punto de vertido de las aguas del túnel Graton han mostrado, en distintos momentos, presencia de elementos como arsénico, cadmio, plomo o manganeso en concentraciones superiores a los estándares de calidad ambiental (véase Maldonado, 2019). Y si bien Sedapal trata estas aguas para poderlas potabilizar, la presencia de metales pesados hace que los procesos en La Atarjea sean cada vez más caros.

En suma, Alpayana sí tiene mucho que ver con el agua que consumimos en Lima y Callao… pero ¡para traernos problemas! Su proyecto Ariana amenaza la cantidad y calidad de agua que trasvasa en el túnel trasandino de Marcapomacocha hacia el río Santa Eulalia; y sus operaciones en Casapalca y Yauliyacu están asociadas con potenciales puntos de contaminación con metales pesados hacia el río Rímac.

Y todo esto ocurre mientras, a Alpayana parece que le va muy bien: le compró Los Quenuales a Glencore, y Morococha a Pan American Silver; compró Sierra Metals con su unidad Yauricocha; compró el proyecto Ariana a Southern Peaks; y acaba de anunciar la compra de 20% de acciones de Pan Global Resources, una empresa canadiense que tiene proyectos mineros incluso en España. El asunto es que el crecimiento de esta empresa no se haga a costa de seguir poniendo en riesgo las fuentes de agua de las que dependemos más de 10 millones de personas en Lima y Callao.

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