Entre el chifa y las hamburguesas: la disputa geopolítica y el puerto de Chancay

El megapuerto de Chancay se ha convertido en el nuevo foco de la disputa geopolítica entre Estados Unidos y China, en un contexto de creciente tensión global y de profundos cuestionamientos internos sobre soberanía, regulación y beneficios para el país. El reciente fallo judicial que limita la supervisión de Ositrán sobre el puerto, sumado a las declaraciones del embajador estadounidense y las respuestas del gobierno chino, han colocado al Perú en el centro de un tablero estratégico que trasciende lo comercial.

Este fue el eje del programa de esta semana de La Hora Verde, titulado “Entre el chifa y las hamburguesas: la disputa geopolítica y el puerto de Chancay”, que contó con la participación de Julia Cuadros, economista e investigadora de CooperAcción; Oscar Vidarte, docente universitario y analista internacional; y Williams Jurado, representante del Frente de Defensa por la Vida y la Unidad de la Ciudad de Chancay.

Julia Cuadros explicó que la rivalidad entre Estados Unidos y China no es reciente, sino que se arrastra desde hace más de una década, cuando el crecimiento económico chino comenzó a disputar la hegemonía estadounidense. Recordó que China se convirtió en el principal socio comercial del Perú y que el país forma parte de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, lo que refuerza su vínculo estratégico con Beijing. En ese marco, señaló que el puerto de Chancay adquiere una dimensión geopolítica mayor tras los recientes documentos estratégicos de Estados Unidos, que advierten que no permitirán instalaciones con “posibles usos duales” en la región. Para Cuadros, el Perú no es un actor protagónico en la disputa, pero sí un territorio estratégico por su ubicación en el Pacífico y por sus recursos, lo que exige fortalecer la institucionalidad y la regulación para no quedar atrapados entre intereses externos.

Por su parte, Oscar Vidarte sostuvo que existe un consenso en el establishment estadounidense en considerar a China como la principal amenaza a su hegemonía, aunque difieren las formas de enfrentarla. En ese contexto, explicó que el puerto de Chancay es visto desde Washington como un posible hub estratégico en el Pacífico Sur, con potencial relevancia geoestratégica. Vidarte advirtió que el estilo confrontacional del gobierno de Donald Trump —incluyendo declaraciones públicas y el uso intensivo de redes sociales por parte de su embajador en Lima— ha elevado el tono del debate y tensionado el equilibrio que el Perú intentaba mantener entre ambas potencias. Señaló que el país necesita preservar una política exterior de equilibrio, dado que su relación comercial con China es fundamental, pero sin descuidar su vínculo histórico con Estados Unidos.

Desde Chancay, Williams Jurado ofreció la mirada de la sociedad civil local, recordando que el proyecto se remonta a decisiones adoptadas desde 2007 y que, desde el inicio, se advirtió sobre vacíos normativos y riesgos ambientales. Criticó que se hayan otorgado facilidades legales a la empresa operadora y que incluso el Congreso haya modificado la ley portuaria para permitir la exclusividad de servicios en un puerto privado de uso público. Respecto al reciente fallo judicial que limita la supervisión de Ositrán, señaló que responde en parte a deficiencias en la legislación nacional sobre puertos privados, lo que ha sido aprovechado por la empresa. Jurado alertó además sobre los impactos sociales y ambientales ya visibles en la ciudad, así como sobre la falta de atención estatal a las brechas en servicios públicos y a los pasivos ambientales generados durante la construcción.

En sus reflexiones finales, los tres participantes coincidieron en que el Perú enfrenta un escenario complejo: mientras la disputa geopolítica se intensifica, el país muestra debilidades institucionales que pueden profundizar su vulnerabilidad. Subrayaron la necesidad de fortalecer la regulación, garantizar el cumplimiento de las normas ambientales y sociales y evitar que la política exterior peruana quede atrapada en una lógica de alineamientos forzados.

La Hora Verde dejó planteada una pregunta de fondo: ¿podrá el Perú sostener un equilibrio estratégico entre las grandes potencias sin sacrificar soberanía, institucionalidad y derechos de las comunidades directamente afectadas? El caso del puerto de Chancay será, sin duda, una prueba clave en ese desafío.

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