¿Árboles o viaductos? La ciudad del pasado versus la ciudad para el siglo XXI

Paul E. Maquet

La Municipalidad de Lima ha decidido convertir la avenida Javier Prado, una de las más largas e importantes de la ciudad, en un gran viaducto. Pese a la oposición de muchos vecinos, se quiere intervenir tres puntos (La Molina, Las Begonias y Sánchez Carrión) para hacer vías elevadas que, supuestamente, serían la solución al problema del tráfico. La semana pasada iniciaron los desvíos vehiculares para las obras en la zona de La Molina, pero luego fueron suspendidos por el caos generado. Además, la Contraloría ha cuestionado la ausencia de expedientes técnicos y de disponibilidad presupuestal.

Más allá de la mala práctica de esta gestión municipal de imponer obras sin autorizaciones ni expedientes técnicos, con esa absurda justificación de que esas son cosas “de caviares” (¿?), la gran pregunta es: ¿Lima necesita más viaductos?

Lo de Javier Prado solo viene a sumarse a otras obras de envergadura que se están planificando o realizando en Lima y Callao: la llamada “Vía Expresa Sur”, la Vía Expresa Santa Rosa (VESR), el Anillo Vial Periférico, la vía rápida Próceres – Wiesse, entre otras. Todas estas obras comparten la misma lógica: para resolver el tráfico, lo que se requiere es más infraestructura vial para que los autos puedan pasar más rápido.

El asunto es que todo este paquete de obras, que costarán millones y millones a los contribuyentes, solo profundizan el maldesarrollo urbano de nuestra capital y van en contra de todo lo que requiere una ciudad para enfrentar los retos del siglo XXI.

Primero, una cosa obvia: estas obras se hacen a costa del espacio público, en especial de las áreas verdes y arboladas. En una ciudad que tiene un tercio de las áreas verdes por habitante que recomienda la OMS, lo que redunda en una de las peores calidades de aire, esto nada más ya debería ser suficiente para rechazar esta falsa solución al problema del tráfico. Lima necesita más árboles, no menos. Solo las obras en Javier Prado implican sacrificar 30 mil metros cuadrados de áreas verdes, lo que se sumaría a las 20 hectáreas de árboles del Anillo Vial Periférico, los casi 20 mil metros cuadrados en la VESR y más de 5 mil metros cuadrados en la Vía Expresa Sur. Menos árboles y más espacio para los motores, en una ciudad que ya está gravemente contaminada, es una locura.

Calidad de aire en Lima Metropolitana y El Callao (Fuente: https://www.iqair.com/)
Calidad de aire en Latinoamérica (Fuente: statista / IQAir)

Además de empeorar la ya pésima calidad de aire en Lima y Callao, estas obras son exactamente lo contrario de lo que los científicos recomiendan en un contexto de cambio climático. Hace solo unos meses se reunieron en Lima más de 500 expertos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) para discutir sobre mitigación y adaptación de las ciudades frente al cambio climático. Y una cosa es clara: para mitigar las causas del cambio climático necesitamos menos emisiones de CO2 de los motores, por lo tanto, menos autos; y para adaptarnos a los efectos del cambio climático necesitamos más árboles que regulan la temperatura, amortiguan las olas de calor y ayudan a mantener la humedad del suelo. Ciudades con más cemento y menos verde son bombas de calor que aumentan los efectos del incremento de temperatura.

Lo que necesitan Lima y Callao no son obras del siglo pasado, sino una nueva mirada que responda a los desafíos de hoy. No más carriles para los autos, sino una solución que articule transporte público masivo con carriles exclusivos; y carriles seguros para la micromovilidad (bicicletas, scooters, etc.) que hace un uso mucho más eficiente del espacio público sin ensuciar el aire. La fórmula del siglo XXI es más y mejor transporte público, más y mejores espacios para la micromovilidad, y menos autos particulares. No más cemento muerto, sino más árboles y espacios verdes y más soluciones basadas en la naturaleza.

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