Se está perdiendo la Amazonía

José De Echave C.

Cada cierto tiempo aparece información que confirma una tendencia que es cada vez más alarmante. En el informe “Amazonía bajo presión” elaborado por la Red Amazónica de Información Socioambiental Georeferenciada (Raisg), se señala que el 7% del territorio amazónico se encuentra bajo presión “muy alta” y 26% “alta” y que entre los años 2000 y 2018 se han perdido más de 500 mil kilómetros como consecuencia de la deforestación.

Imagen: Gestión

Cifras globales de deforestación confirman esta tendencia. Según el Global ForestWatch, el año pasado se perdieron en los trópicos 11,9 millones de hectáreas de bosque en general y una tercera parte de la pérdida -3,8 millones de hectáreas-, correspondió a bosques primarios.

Como lo señala un reportaje de la BBC Mundo, cuando se habla de bosques primarios se hace referencia a uno que lleva varias décadas -también se los conoce como bosques maduros-, “donde no ha habido intervención humana en el pasado reciente”, según declaraciones de Mikaela Weisse, analista de Global Forest Watch. Este tipo de bosques son claves en la lucha frente al cambio climático, en la medida no solo son importantes por el oxígeno que brindan y su enorme biodiversidad, sino porque también son sumideros de carbono natural que tienen una enorme capacidad para absorber CO2 de la atmosfera: «Sabemos que los bosques primarios almacenan el doble de carbono que los bosques no primarios”, subraya Weisse (BBC Mundo).

Ahora bien, de los 10 países con mayor pérdida de bosques primarios, 5 son latinoamericanos (ver cuadro). Esta es una lamentable constante en los últimos años y muestra cómo se sigue deteriorando en la región, sobre todo, el bosque amazónico.

Está claro que la Amazonía se encuentra cada vez más presionada por diversos extractivismos que generan actividades lícitas e ilícitas, proyectos de infraestructura, incendios forestales, entre varios otros factores. “La deforestación es el principal síntoma de deterioro de una región amazónica que administrativamente engloba 8,4 millones de kilómetros cuadrados y es hogar de unas 47 millones de personas, incluyendo numerosas comunidades indígenas” (informe de la Raisg). Lamentablemente, como se puede apreciar en el siguiente gráfico, el Perú es un claro ejemplo de esta tendencia.

Algunos estiman que en las últimas décadas ya se ha perdido el 20% de toda la Amazonía y que un 20% adicional está en franco proceso de deterioro. Los expertos discuten cuál es el umbral que, si lo sobrepasamos, significará perder de manera definitiva todo el bioma amazónico, con todo lo que ello implica no solo en término de severas pérdidas en biodiversidad, sino también en cuanto a cambios sustanciales en el papel que desempeña la selva en el clima y el régimen hídrico a escala continental: la principal función del bosque amazónico ya no es solo fijar carbono y evitar que se vaya a la atmósfera; también es extirpar el agua que cae en esa región y distribuirla a escala continental, sobre todo a las zonas donde se producen alimentos en América del Sur. Por ejemplo, las pampas del sur del continente son húmedas, en gran medida, gracias a laAmazonia.

Detener la deforestación de la gran selva amazónica es una condición necesaria para combatir el cambio climático y es, sin discusión, una de las principales tareas que debemos asumir. Es urgente que los gobiernos de la región reemplacen la retórica por una acción concreta y efectiva. Recuperar la Amazonía es un esfuerzo continental  que tiene que ser plenamente asumido de manera articulada por los 9 países amazónicos.

15 de diciembre de 2020