La amazonía peruana

 

 

En el Perú, la Amazonía representa en promedio el 60% del territorio nacional (CAAAP: 2011);
Rumrrill: 2010), y contiene la mayor oferta de agua dulce para el mismo, que según algunos
cálculos es de casi 98% (Rumrrill: 2010). A ello hay que sumarle los diversos ecosistemas
integrados, la gran cantidad de especies y la oferta de bosques que representan un potencial
de servicios ecosistémicos importante para el mundo y también para la dinámica económica
de los espacios locales.

El Perú posee 73 millones 280 mil hectáreas de bosques, la gran mayoría de los cuales son
amazónicos. La selva amazónica del Perú es una de las zonas con mayor diversidad biológica
del planeta. Es tan grande la variedad de especies que se estima que la mayor parte de ellas
sigue sin ser descubierta y menos estudiada adecuadamente. El Perú es el segundo país, tras
Colombia, en lo que respecta a cantidad de especies de aves en el mundo;​ y el tercero en
cuanto a mamíferos, de los que 44% y 63% respectivamente habita en la Amazonia peruana.

Además, es un importantísimo sumidero de carbono, clave en el marco de la lucha contra el
cambio climático. Por ejemplo, se calcula que sólo el ecosistema de “turberas” de la cuenca
amazónica del Perú almacena más de 3 mil millones de toneladas de carbono.

 

 

El Perú pierde

unas 120 mil hectáreas de bosques al año

por la deforestación

 

 

 

Por otra parte, la Amazonía constituye el hábitat ancestral de 65 pueblos indígenas
organizados en 12 familias lingüísticas (CAAAP: 2011). El resultado del Censo nacional 2007: XI
de Vivienda y VI de población indica que la población indígena de la Amazonía es de
aproximadamente 332 975 habitantes. Ellos han construido allí un universo de vida cultural,
espiritual, económica y política sostenido por la intensa relación que mantienen con su
territorio. Lo que ha contribuido, entre otras cosas, no solo a modificar al territorio, sino
también a elaborar estrategias –transmitidas de generación en generación- para conservarlo,
potenciarlo, cuidarlo y respetarlo. De ese modo, han construido relaciones que integran de
manera profunda elementos económicos, espirituales, afectivos, políticos y socioculturales
ocurridos a partir de las lógicas colectivas e individuales que el pueblo ha heredado a través de
generaciones en interacción, complemento o contradicción a los procesos históricos y políticos
que el país ha afrontado durante toda su vida republicana.

Toda esta riqueza, ambiental y humana, está amenazada por el avance de innumerables
actividades que vienen destruyendo la Amazonía, entre ellas diversos tipos de extractivismos y
la construcción de la infraestructura que éstos requieren. Entre las principales amenazas
destacan: la minería, tanto la abiertamente ilegal como aquella que opera bajo concesiones
formalmente otorgadas por el estado; las concesiones de petróleo y gas; la tala ilegal; la
deforestación con fines agropecuarios, tanto para la agricultura migratoria de pequeña y
mediana escala, como para la gran agroindustria; la construcción de carreteras que facilitan la
expansión descontrolada de todas estas actividades; las grandes represas hidroeléctricas; el
dragado de ríos para convertirlos en hidrovías de capacidad industrial; entre otras.

Se calcula que el Perú pierde unas 120 mil hectáreas de bosques al año por la deforestación, y
en los últimos 15 años el país ha perdido casi dos millones de hectáreas.