CONFESIONES DE UN ANTIMINERO

Tenemos que aceptarlo públicamente. En medio del conflicto en la zona de influencia de Las Bambas, los equipos de investigación de Perú 21, los de la Hora N y los de Lampadia (en realidad estos dos últimos parecen ser los mismos), nos han puesto en evidencia.  

Han escudriñado todo nuestro sitio web, parte por parte, publicación por publicación, durante todos los años de vida institucional, para encontrar la prueba irrefutable, el documento comprometedor y si no es posible, la frase que sacada de contexto puede ser útil para acorralarnos.

Además los tres tienen mucha suerte y gran cobertura. Uno es director de un diario de circulación nacional; el otro tiene un programa propio en hora estelar todos los días y el tercero es gran amigo del segundo y por eso casi parece parte del elenco estable de La Hora N. La fórmula perfecta; sana envidia; el que puede, puede.

Ahora, después de este rigurosísimo trabajo de investigación, aparentemente, solo nos queda confesar lo que ellos ya han sentenciado: somos antimineros. Tenemos que aceptarlo. Además, tendríamos que cambiar nuestro actual nombre (CooperAcción, Acción Solidaria para el Desarrollo) a algo así como CooperAcción, Acción Solidaria contra la Minería.

No está de más recordar que el formato que siguen es el mismo y lo repiten cada vez que explota un conflicto, no importa cuál es el lugar. ¿Quién está allí? ¿Qué organismo no gubernamental? ¿Qué organización social? Preguntas que apuntan a la misma respuesta: ¡allí están, esos son los culpables de todo lo que pasa! ¡Esos son los responsables! No hay otra explicación de por qué se producen los conflictos.

No importan las bases objetivas que puedan explicar el conflicto, ni tampoco las agendas legítimas y la afectación de derechos. Lo que importa es encontrar al chivo expiatorio. La hipótesis que presentan no cambia: los conflictos solo se deben y explican por la presencia de algunos agitadores e instituciones que manipulan, desinforman y utilizan a las poblaciones. Por lo tanto, hay que ponerlos en evidencia. Ellos son los verdaderos culpables. Se ellos desaparecen, los conflictos desaparecerán por arte de magia.      

En la respuesta a una comunicación que le envíe, el director de Perú 21 lanzó esta afirmación/acusación: CooperAcción, entre otras cosas, forma líderes. Para ello utilizan estos manuales de adoctrinamiento: cómo deben abordar  el tema minero cuando se encuentran frente a otros ciudadanos de sus zonas, cómo deben “meter” las ideas, cómo deben interactuar con la empresa, y, por supuesto, cómo deben exigir sus demandas. Y si para ello recurren a “estudios”, “mitos” o lo que sea, ¡pues bienvenidos sean!.

Este tipo de enfoque es uno de los temas cruciales en el pensamiento de estos señores y de varios que como ellos de pronto se han convertido en los “especialistas” de Las Bambas y de cualquier conflicto que estalle. Uno de los temas de fondo es que para ellos, como señala Javier Torres, “la población es una suerte de comparsa, ni siquiera actores de reparto, sino simples extras que son arrastrados por los “malos”, a una pelea que no entienden por su supuesta ignorancia y atraso”. No reconocen ninguna agenda legítima del lado de la población y como afirma el director de Perú 21 en su columna, el elemento central es que estamos frente a una conspiración, Y claro, una conspiración debe ser aplastada.

Lo cierto es que nadie que conozca un poco de estos temas puede sostener con seriedad ese tipo de argumento. Incluso a algunas empresas mineras se les escucha diagnósticos bastante más elaborados. La tesis del complot, aparte de superficial es tremendamente peligrosa: apunta a afirmar que detrás de los conflictos no hay ninguna agenda legítima y que solo se trata de conspiradores. Al armar el fantasma de la gran conspiración se impide que se identifiquen los graves problemas irresueltos en el país y las bases objetivas que explican los conflictos vinculados a actividades como la minería.

Ellos no quieren, por ejemplo, una institucionalidad ambiental de verdad; ni consulta previa, libre e informada; tampoco fiscalización ambiental; apoyan a las empresas mineras que pretenden traerse abajo el aporte por regulación y varias otras perlas. La minería sin control, regulación y fiscalización es su ideal. Todo lo demás no sirve, todo eso es tramitomanía. El escenario ideal es el de la autoregulación.

En suma, rechazan la posibilidad de hacer las cosas de otra forma y pretenden mantener las mismas políticas y reglas de juego desgastadas, cuando el reto para el país es cómo miramos para adelante y nos imaginamos el futuro. Cabe preguntar ¿no será que en el fondo ellos son los antimineros?

25 de octubre de 2016

CONFESIONES DE UN ANTIMINERO

José De Echave C.

Tenemos que aceptarlo públicamente. En medio del conflicto en la zona de influencia de Las Bambas, los equipos de investigación de Perú 21, los de la Hora N y los de Lampadia (en realidad estos dos últimos parecen ser los mismos), nos han puesto en evidencia.  

Han escudriñado todo nuestro sitio web, parte por parte, publicación por publicación, durante todos los años de vida institucional, para encontrar la prueba irrefutable, el documento comprometedor y si no es posible, la frase que sacada de contexto puede ser útil para acorralarnos.

Además los tres tienen mucha suerte y gran cobertura. Uno es director de un diario de circulación nacional; el otro tiene un programa propio en hora estelar todos los días y el tercero es gran amigo del segundo y por eso casi parece parte del elenco estable de La Hora N. La fórmula perfecta; sana envidia; el que puede, puede.

Ahora, después de este rigurosísimo trabajo de investigación, aparentemente, solo nos queda confesar lo que ellos ya han sentenciado: somos antimineros. Tenemos que aceptarlo. Además, tendríamos que cambiar nuestro actual nombre (CooperAcción, Acción Solidaria para el Desarrollo) a algo así como CooperAcción, Acción Solidaria contra la Minería.

No está de más recordar que el formato que siguen es el mismo y lo repiten cada vez que explota un conflicto, no importa cuál es el lugar. ¿Quién está allí? ¿Qué organismo no gubernamental? ¿Qué organización social? Preguntas que apuntan a la misma respuesta: ¡allí están, esos son los culpables de todo lo que pasa! ¡Esos son los responsables! No hay otra explicación de por qué se producen los conflictos.

No importan las bases objetivas que puedan explicar el conflicto, ni tampoco las agendas legítimas y la afectación de derechos. Lo que importa es encontrar al chivo expiatorio. La hipótesis que presentan no cambia: los conflictos solo se deben y explican por la presencia de algunos agitadores e instituciones que manipulan, desinforman y utilizan a las poblaciones. Por lo tanto, hay que ponerlos en evidencia. Ellos son los verdaderos culpables. Se ellos desaparecen, los conflictos desaparecerán por arte de magia.      

En la respuesta a una comunicación que le envíe, el director de Perú 21 lanzó esta afirmación/acusación: CooperAcción, entre otras cosas, forma líderes. Para ello utilizan estos manuales de adoctrinamiento: cómo deben abordar  el tema minero cuando se encuentran frente a otros ciudadanos de sus zonas, cómo deben “meter” las ideas, cómo deben interactuar con la empresa, y, por supuesto, cómo deben exigir sus demandas. Y si para ello recurren a “estudios”, “mitos” o lo que sea, ¡pues bienvenidos sean!.

 

Este tipo de enfoque es uno de los temas cruciales en el pensamiento de estos señores y de varios que como ellos de pronto se han convertido en los “especialistas” de Las Bambas y de cualquier conflicto que estalle. Uno de los temas de fondo es que para ellos, como señala Javier Torres, “la población es una suerte de comparsa, ni siquiera actores de reparto, sino simples extras que son arrastrados por los “malos”, a una pelea que no entienden por su supuesta ignorancia y atraso”. No reconocen ninguna agenda legítima del lado de la población y como afirma el director de Perú 21 en su columna, el elemento central es que estamos frente a una conspiración, Y claro, una conspiración debe ser aplastada.

Lo cierto es que nadie que conozca un poco de estos temas puede sostener con seriedad ese tipo de argumento. Incluso a algunas empresas mineras se les escucha diagnósticos bastante más elaborados. La tesis del complot, aparte de superficial es tremendamente peligrosa: apunta a afirmar que detrás de los conflictos no hay ninguna agenda legítima y que solo se trata de conspiradores. Al armar el fantasma de la gran conspiración se impide que se identifiquen los graves problemas irresueltos en el país y las bases objetivas que explican los conflictos vinculados a actividades como la minería.

Ellos no quieren, por ejemplo, una institucionalidad ambiental de verdad; ni consulta previa, libre e informada; tampoco fiscalización ambiental; apoyan a las empresas mineras que pretenden traerse abajo el aporte por regulación y varias otras perlas. La minería sin control, regulación y fiscalización es su ideal. Todo lo demás no sirve, todo eso es tramitomanía. El escenario ideal es el de la autoregulación.

En suma, rechazan la posibilidad de hacer las cosas de otra forma y pretenden mantener las mismas políticas y reglas de juego desgastadas, cuando el reto para el país es cómo miramos para adelante y nos imaginamos el futuro. Cabe preguntar ¿no será que en el fondo ellos son los antimineros?

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