Agenda para el nuevo Presidente

  • La renuncia de Pedro Pablo Kuczynski a la Presidencia de la República –o su eventual vacancia, si el Congreso no acepta dicha renuncia- marca el momento más crítico de la prolongada crisis política que vive el país desde hace meses. Las evidencias de tráfico de influencias y ofrecimientos varios a cambio de votos, deben llevar a una investigación y sanción a los responsables. Estos delitos son graves pues implican una desnaturalización de la democracia, la voluntad popular y la institucionalidad del Estado.
  • Corresponde ahora seguir los cauces constitucionales y democráticos de sucesión presidencial. Sin embargo, con ello no acaba la crisis: enfrentarla requiere profundas reformas cuya urgencia ha quedado evidenciada con los hechos y denuncias recientes.
  • El país requiere reformas que enfrenten la corrupción, el financiamiento partidario irregular, los vínculos opacos entre el poder económico y el poder político, los lobbies, la escasa planificación y control del gasto para las obras públicas, la falta de institucionalidad del Estado y la debilidad de nuestra democracia.
  • Entre las promesas y favores que habrían estado ofreciendo operadores políticos del Gobierno a algunos congresistas a cambio de su voto, una denuncia periodística ha dado a conocer un caso que involucraría autorizaciones para uso de agua subterránea. Frente a ello, nos preguntamos ¿cómo se está manejando la institucionalidad ambiental, que debe ser independiente y autónoma de cualquier presión política o económica a fin de garantizar la sostenibilidad en el uso de nuestros recursos naturales? Denuncias como éstas requieren una urgente investigación, pues ponen en duda la imparcialidad de las decisiones del Estado.
  • Ante la crisis, el saliente Gobierno planteó el “diálogo y la reconciliación nacional” como salida, pero ese compromiso no fue auténtico y optó por imponer estados de emergencia ante los conflictos sociales, prorrogados una y otra vez. Demandamos que el nuevo Presidente tenga la apertura para un diálogo genuino con todos los actores y construya de manera consensuada una agenda para la transición.
  • Esta profunda crisis, que afecta a casi todos los partidos políticos y que genera una profunda desconfianza de la ciudadanía, debe ser al mismo tiempo una oportunidad para abrir un tiempo de cambios y renovación. Cambios que deben permitir no solo la gobernabilidad democrática del país, sino su transformación para garantizar que, por fin, la actuación del Estado corresponda al cumplimiento de las demandas ciudadanas y no a intereses particulares.

21 de marzo de 2018